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Sobre los demonios

Los sueños son sueños y la visa es la vida,

algunas veces, la vida es sueño y el sueño

la vida.

Pero él. Ante la esclavitud de seguir durmiendo

y seguir soñando, no pude levantarse a escribir:

Relacionaba las cosas y las palabras, hizo

memoria y lo único que pudo llegar a decir:

Yo ni creo en el infierno ¿Por qué, no lo sé?

El padre demonólogo le firmó su novela apocalíptica

después de la conferencia que vino a dar desde Roma.

El exorsista viéndolo le dijo:  O tienes un demonio o

tienes una energía radiante, -ojalá sean las dos cosas-

se dijo nuestro soñador. -Sino que aburrido-

El padre firmo el libro, impuso, ,muy inesperadamente la

mano sobre la frente de su interloculor. Musitó algo

sencillo, y dijo: todo está hecho. No comentó más y el

escritor de sueños tampoco preguntó al respecto.

El soñador piensa que lo exorsisó así como sus acompañantes,

desde entonces, esta en vigila. En los abismos de la realidad,

siendo el sueño algo lejano, distante, vedado.

En las noches de imsomnio, abre

la dedicatoria del libro, y se repite una y otra vez:

Yo ni creo en el infierno.

Desde que creí en él, y en la existencia de los ángeles

malvados, se concibió en mi mente su maldad, perder mi

vida onírica. Mi vida al revés. Mi vida con una lógica no

aprendida, representación pura.

No creo en el infierno, porque la misericordia es mayor,

porque hasta los demonios estará ahí, de nueva  cuenta.

Nuestro soñador llora por no dormir y no soñar.

Se ha decidido buscar al exorsista y que convoque él

a “quienes salieron”. Que de él jamás se hubieran ido.

Las lágrimas que derraman sus ojos no resbalan por

sus mejillas, se deslizan muy poca distancia, y ascienden,

ascienden hacia el techo. Él no se había dado cuenta,

Un charco de lágrimas está al centro, moviéndose,

como si respirara. Entonces deja de llorar.

Ríe, suspira, las cosas y las palabras son suyas.

Regresó a su vida de ensueño, de sueño de vida.

En ese momento se pone de pie, y las lágrimas descienden,

una por una, al rededor de él, y lo comienzan a transfigurar.

Ahora en su realidad, nuestro soñador siente un gozo

interno, un cosquilleo en la espalda, en la rodilla, en su frente.

Está feliz. Ahora, decide despertar.

Abre los ojos. No hay evidencia del charco de lágrimas.

¿Pero si apenas será hoy la conferencia? Corre hacia sus libros:

Lee la dedicatoria:  No dejes de ir hoy, para firmarte mi libro,

Los demonios somos nosotros mismos.

Cuidados de alguien más, y el capullo.

A mis  gurús liberadores: Tina. Fernanda y Jorge. Un agrego jaja: Mauricio.

Con cariño, acompañamiento y todo lo demás.

El viernes por la tarde me quedé de ver con Amu. Se llama Ricardo, pero nadie le dice así, para los cuates es Amu, debido a que fue por varios años nuestro Amu-leto de mala suerte. Luego, luego que se nos arrejuntó para ser nuestro amigo, nos dejaron nuestras chavas, la cerveza nos comenzó a caer mal y  hacernos cruda. La hierba no nos consentía, nos ocasionaba diarrea. En fin, no basamos nuestra amistad en cosas tan mezquinas ya después conseguí chava. El punto es que todo esto fue idea de él, pero es que Amu tiene tanta labia al hablar que logró convencernos, ¡Pinche Amu fue i-ne-vi-ta-ble!

Ese día me quedé dormido para la clase de técnicas y estilos de interpretación I, como sabrán seré el siguiente Germán Valdés. Incluso creo que hasta me parezco, espero que me valoren por mi talento y no por mi buen parecido, lo peor de esa mañana es que no me quedé dormido en mi casa sino en la cama de María. No sé a qué hora se fue a trabajar y la muy condenada me dejó encerrado en su casa. Hasta medio día regresó, no chingues María estás para una emergencia que tal si tiembla y me quedó aquí atrapado, favor que nos harías querido, dijo cínicamente. Creo que por eso la quiero y no porque sea la primer chava que realmente me quiera desinteresadamente. Lo primero que me gustó de María es que es muy inteligente, más que yo -sin duda alguna-.

Pinche Amu, no se cómo nos convenció ese viernes. Llegué a su casa en la calle de Hospital. Una casa muy bonita pero hecha un desmadre, y no es que me guste juzgar verdad, pero su cuchitril es evidente, pinche Amu, un día te va a comer una rata gigante sino ordenas este espacio, pero nada que nos hacía caso. El día de su cumpleaños María y yo le regalamos algo que jamás había conocido: orden y limpieza. Lava aquí sí el lavabo, ayúdame a separar su ropa, ordena sus discos y películas, ¿y tu qué haces María?, estoy sacudiendo su closet. Pinche Amu, le dejamos su casa bien limpia. -Cuando le ordenaba sus pelis encontré las mías que decía no tener, pinche Amu ratero-. Cuando Amu llegó le dimos la sorpresa: ¡Sorpresa! y su cara de idiota. Ya para el reventón de la noche ni ganas tenía de bailar, ni tomar, tenía una fatiga terrible. Pasa Wachis, qué crees que acabo de descubrir, mira te enseñaré mi secretito que nos cambiará la vida. Me subió a su azotea donde sembraba varias plantas (entre ellas ya saben cual). Mira me dijo, qué qué veo, ¿qué no ves?, no no veo, ¿no ves el origen de la vida?, ¿cuál vida? ¿esta pinche planta?, no seas pendejo Wachis ¿que no ves bien?, no Amu no se a qué te refieres ¿la planta? ¿de qué es?, ¡El capullo Wachis! ¡El capullo!

Ahí comenzó todo y la idea fue de él, ese día.

¡Es maravillosa la vida! nos permite convivir con tanta belleza, ¡Oh! qué hermosa es la creación y veremos, por primera vez, volar a nuestra pequeña mariposa, se llama Libertad, no mames Amu ¿ya le pusiste nombre?, sí Libertad que tanta falta nos hace en nuestra ciudad y en todo el país, en todo el mundo, en todos los mundos, ¿pinche Amu estás tomado? mira mejor que se llame María como mi chava, no ya le puse así y no es para que estemos jugando con su nombre ni bien nace de su capullo y ya andas fregándole la vida con problemas identitarios cambiándole el nombre, está bien yo nomás decía.
Yo no sé como es que el pinche de Amu es mi amigo, lo que tiene de pinche lo tiene de cabrón, pero es i-rre-sis-ti-ble. No sé como acepté su idea. Pero aquí estoy, armando esta pinche casa de campaña, jamás he armado una. En mi casa siempre me consideraron torpe para los trabajos manuales o para los trabajos que exigen trabajo físico. Espero que María sí sepa, ella lo sabe todo, sino: lo inventa – hablando en serio, ella es bien creativa-. Pero no sé si me quiera ayudar, estás bien pendejo Wachis, me dijo cuando le conté lo de Amu. Ese viernes llegó muy tarde, porque trabaja, estudia y aún así tiene tiempo para su biscochito de pan dulce. Estás bien pendejo Wachis, jamás me había hablado así. Nadie me insulta, y menos ella. Ya ni mi madrastra. -Sin querer se me salen cosas de las cuáles no me gusta hablar, como de la esposa de mi papá.- No mames Wachis, si dices las cosas las dices porque quieres y no porque se te salen así nomás, me dijo en muchas ocasiones María. Estudia psicología, yo creo que por eso me entiende mejor.  Estaba a punto de comenzar el partido.

Mira por el tamaño y el color ya está en la etapa final, ahora es una pupa. No lo entiendes Wachis porque estás bien güey, y yo podría pasar horas platicándote de las orugas y de las mariposas pero sería gastar mi saliva,  ¿Ah así?  pues tu no entiendes nada de teatro Amu y yo no ando haciendo evidente tu ignorancia. ¿Cómo que se te hace tarde para ir a trabajar, no? Apúrale para que no llegues tarde y mañana te den chansa de venir a cuidar a Libertad, ocupo cambio para el camión ¿tienes que me prestes Wachis?, ¿ya te acabaste los cincuenta pesos que te presté de ayer?, ¡claro! Wachis los cigarros que fumamos no me los regalan ni me los robo y ya ni la amuelas ves como está todo de caro y me echas en cara tus cincuenta pesos, Amu pues ya me debes casi tu quincena completa…

Mira Wachis, si tu quieres perder tu tiempo esperando a que una mariposa salga de su capullo es muy tu problema, pero yo no puedo pedir permiso en el trabajo solo para que tu y a Amu se vayan a ver al partido de las chivas, mientras yo me quedo como mensa cuidando un capullo. Además siempre le pagas los boletos para los partidos al huevón de Amu, deja de malgastar el dinero. Hace dos semanas que jugaron los leones ¿Acaso me invitaste?, no, pero yo sí tuve que ir a casa de Amu a ayudarlos a armar la casa de campaña.  Le dedicas más tiempo a Amu que a mí, pero solo tu sabes, solo tu decides qué es lo que quieres…

Terror en Honduras

Por Angel Palacios

En las noches de Honduras impera el terror. La dictadura ha convertido a Honduras en una inmensa cárcel donde las noches son aprovechadas por jaurías de policias y militares que allanan, torturan y saquean.

De noche en Honduras lo que recorre las calles es el terror con botas, cascos y uniformes. Vehículos con militares y policías encapuchados patrullan las calles en las noches disparando contra los barrios y casas. Salen a toda velocidad de las comisarías para regresar al poco tiempo con las camionetas repletas de ciudadanos golpeados, humillados, sangrantes…

La noche con toque de queda es el escenario preferido por los sabuesos. El toque de queda, sin garantías constitucionales, sin cámaras de televisión, ni multitudes en las calles, es el momento que aprovechan los perros de la dictadura para sembrar el terror. Anoche pudimos recorrer varios barrios (colonias) y esto fué lo que vimos.

Nos avisan que en una de las escaleras de un barrio un comando policial llegó de forma intempestiva y van a allanar una vivienda. Se trata de la casa de una pintora muy conocida en el vecindario. Al doblar de una escalera 8 policías como gatos en la oscuridad rodean la casa. La casa está pintada de rosado y tiene un grafitti contra el golpe en la fachada. Los policías golpeaban la puerta con palos. Rompen los vidrios de la ventana.. Uno de los policias con una bomba lacrimógena en mano calcula el ángulo para lanzarla adentro de la casa. El vehículo identificado como Policía Nacional los espera en la parte de abajo de las escalera. El policía que conduce, dá la voz de alerta de que un grupo de periodistas los estamos grabando. El jefe de la operación (Sub-comisario García) nos tapa el lente de una de las cámara. Otros se tapan el nombre cosido en su chaleco. Hay vecinos que abren sus puertas y ventanas confiados en la presencia de la prensa internacional y les gritan, los denuncian. Los policías tratan de replegarse. El policía identificado como García se justifica argumentando que él vive en ese vecindario y que no soportaba que su vecina hubiese pintado en la fachada: “GOLPISTAS: EL MUNDO LOS CONDENA”, “VIVA MEL”. Ese fue el argumento del funcionario para desatar el terror contra una humilde mujer . Miembros de organizaciones de Derechos Humanos y del Frente de Abogados contra el Golpe se hacen presentes y los policías huyen acosados por la denuncia. La mujer, que temerosa al fin abrió la puerta, también salió del barrio. Fué a dormir a un lugar seguro, ante la amenaza de que volviesen a por ella más tarde.

Un joven como de 20 años camina por una calle oscura en plena noche. Tiene el rostro bañado en sangre y una herida en la frente de unos 5 centímetros. Vá descalzo. Nos explica: estaba en la puerta de su casa cuando una camioneta de la policía apareció en su calle y sin mediar palabra se bajaron y le golpearon entre varios. Lo tiraron encima de la camioneta y arrancaron con él. Mientras daban vueltas y lo pateaban, le revisaron los bolsillos despojándolo de un celular y de su reloj. Seguía tirado en el piso de la camioneta mientras escuchaba a los policías discutiendo sobre quien se quedaba con el reloj y quien con el celular. Lo dejaron botado lejos de su casa. El jóven no quiso hacer la denuncia. No quería más “clavo” con la policía, estaba aterrorizado. Sólo pedía que lo lleváramos a su casa.

Otro joven, es detenido en la esquina de su barrio. Antes de montarlo en la camioneta, cuatro policías le dan una paliza. Luego le vacían un pote de pintura en spray en la cara. El joven respira con dificultad. Nos cuenta en el hospital mientras le limpian la pintura de los ojos inflamados por los golpes que uno de los policías le decía mientras lo golpeaba: “No sos de la resistencia? Pues resiste!”

En un puente hay una alcabala. Nos detienen y entablamos conversación con los policías sobre cualquier tema para poder seguir. Un vehículo que pasa por allí se dá cuenta de la alcabala y retrocede lentamente. Uno de los policías que nos dió el alto, mira al carro retrocediendo y nos invita divertido a ver lo que va a pasar, pero obligándonos a tener las cámaras apagadas. Bajo el puente, por la calle que tomó el carro que trató de evitar la alcabala, hay un grupo de policias cazándo a los que traten de evadirse. Lo detienen. Desde arriba del puente no se vé bien pero se escucha… …se escucha la puerta que se abre…. se escucha la rabia y los insultos de los policías, los golpes contra el carro… se escuchan otros golpes y los gritos del conductor. No escuchamos más. El carro siguió al rato.

Se escuchan disparos en una avenida que va paralela a un barrio popular. Una camioneta llena de policías es la que dispara en la noche, a ciegas contra las casas del barrio. Van despacio. Nada los amenaza. Disparan una y otra vez. Ni siquiera apuntan. Sólo siembran el terror a su paso.
En una comisaría a medianoche, los miembros de los derechos humanos, abogados y prensa internacional preguntan por los detenidos, que acabamos de ver que bajaron de una patrulla pick-up (eran como 10). Sarcásticamente, el oficial nos dice que allí no tienen a nadie preso. Pero los presos gritan que son de la resistencia. Gritan sus nombres. El oficial sigue negando lo que es evidente. La insistencia de los abogados, y de los defensores de los derechos humanos logra que suelten a la mitad de los detenidos y que un médico venga a esa hora a constatar el estado físico del resto. Todos golpeados, sangrando. En la mañana lo abogados de la resistencia lograron que los soltaran.

En otra comisaría, tras un porton negro, se escuchan las voces de al menos una veintena de personas recitando sus nombres. Afuera unas cuantas madres y esposas tratan de establecer contacto con su familiar, tratan de reconocerles la voz. Los uniformados rien ante la escena. Se acercan y golpean contra el portón… …y contra los familiares.

En otro barrio, en las alturas de tegucigalpa, alrededor de 40 uniformados, entre policías y militares avanzan apuntando fusiles de guerra hacia las casas. Cuando se pregunta quien es el comandante de esa operación todos los uniformados nos señalan a un militar. Este dice que es una operación de rutina, porque el “gobierno no va a seguir permitiendo desordenes” y que “lo que pase a esa hora no es su responsabilidad porque hay toque de queda”.. Las credenciales de prensa internacional y de organizaciones humanitarias, logran difícilmente abrirnos paso y continuar. Los uniformados se alejan. Las luces de las casas en el barrio se van encendiendo a medida que el escuadrón del terror se aleja. Nadie sale, pero se escuchan gritos: “Asesinos”, “Urge Mel”, “Viva la Resistencia”.

Estos son apenas algunos casos de los que pudimos ver en una noche. Todos los días ocurre lo mismo. No se sabe cuantos detenidos hay cada noche. No se sabe cuantos cuerpos son rotos, maltratados, humillados en las noches de honduras. No se sabe cuantas mujeres son violadas. No se sabe los nombres, las edades, no se conocen los testimonios…. porque para eso son los toques de queda. Para que la jauría de asesinos que sostienen esta dictadura siembren el terror sin que trascienda a los medios y para que las víctimas se inmovilicen y no hagan la denuncia.
En las noches de Honduras, no brillan las estrellas. Sólo las luces de las patrullas y la sangre de los que caen en manos de la jauría uniformada. Botas y más botas en las calles, en las espaldas, en los rostros de los hondureños. Y a pesar del terror que siembra cada noche la dictadura, no hay miedo. La resistencia continúa..

Cuando sale el sol, hay marchas, tomas de calles, movilizaciones pacíficas pero desafiantes y contundentes. Los que se curan de las heridas quizás no los veamos durante algunos días en las protestas, pero la voz se corre y la indignación por lo que está pasando hoy en Honduras hace que muchos más se incorporen. 90 días de resistencia. Cuerpos contra balas. Los organismos de derechos humanos dan cuenta de más de 600 detenidos de los que se tiene conocimiento. Pero muchos son detenidos y torturados en la noche y no denuncian por miedo. Honduras necesita que el mundo reaccione más rápidamente ante la terrible violación a los derechos humanos que está ocurriendo. La diplomacia no basta. Es urgente que el mundo actúe, aquí en Honduras y ahora.

PD: Las organizaciones de derechos humanos y abogados solidarios hacen una labor incansable por atender a las victimas, por acompañar las denuncias, por llevar registros. Pero no tienen recursos. No cuentan con lo mínimo. No tienen como llenar el tanque de gasolina para trasladarse a los lugares, no tienen saldo en los telefonos para hacer las llamadas necesarias. Y aun así hacen magia para defender los derechos de sus compatriotas. Llevan 90 días haciendo magia y es mucho lo que logran. La sede de Cofadeh está llena a toda hora de gente que va a denunciar los atropellos vividos, y llena tambien de gente que va a apoyar su labor. Muchos y muchas dirigentes de estas organizaciones de derechos humanos han sido perseguidos, encarcelados para tratar de acallarlos. A pesar de las dificultades siguen siendo el único lugar a donde acudir para buscar refugio ante la represión. Es Urgente la solidaridad pueblo a pueblo, que los organismos de derechos humanos de otros países, los comités de solidaridad se pongan en contacto con ellos y los apoyen, divulgen sus denuncias, envíen apoyo a esas organizaciones que en Honduras luchan contra el Terror de la Dictadura.

“¿Qué clase de misterio es ese que hace que el simple deseo de contar historias se convierta en una pasión, que un ser humano sea capaz de morir por ella; morir de hambre, frío o lo que sea, con tal de hacer una cosa que no se puede ver ni tocar y que, al fin y al cabo, si bien se mira, no sirve para nada”

Gabriel García Márquez.

Novela electrónica de entrega semanal/mensual/anual (Uno nunca sabe)

Alexander Hernández Devenir

SEGUNDA  ENTREGA

La luz del sol comenzaba a molestarle, sus cortinas eran demasiado angostas para la gran ventana, desde ahí podía ver las casas vecinas con sus desordenes habituales y sus arreglos improvisados, también podía ver en la calle los coches sucios, y la gente ir y venir. Sentía una extraña desesperación, siempre le había desesperado estar en su habitación. Le gustaba más estar afuera, sintiéndose verdaderamente libre, y verdaderamente él. Lo único que le gustaba de su habitación y estando frente a su gran ventana, era el cielo. Mientras veía las nubes soñando con otro lugar, se sintió observado, miró hacia la calle y su miraba se cruzó con una mujer que parecía ser su vecina, él estando sin camisa se sintió intimidado y se quitó de la ventana, malditas cortinas angostas dijo para sí.

¿Por qué pudor? Ni él mismo sabía, sintió que aquellos ojos lo vigilaban como si supieran sus más íntimos secretos, como si aquella mujer supiera a donde iban sus ojos, sus pensamientos, sus sentimientos, mientras él miraba las nubes y sus formas. Apenas estaba conciliando el sueño cuando oyó el timbre de su casa, decidió no abrir, ya que al igual que el teléfono: no lo contestaría y no abriría sin tener a quien esperar. Luis Armando no esperaba ya nada ni a nadie, vivía de sus escritos. Somnoliento escuchó como aquella intrusa se hacia presente en su casa, no satisfecha con intimidarlo, quiso joder su vida conociéndolo “muy personalmente” “muy de cerquitas”.

PARTE 1 DE 2

CAMINOS QUE INICIAN EN UN SÓLO PUNTO, LA PRIMERA DISTINCIÓN MARCA LA DIFERENCIA.

Sucede que de un tiempo para acá sentiste que la música era lo tuyo y faltaba menos con las señas tan claras que has tenido acerca de tu vocación. Recuerdas ahora cuando tu mamá te contaba cómo su papá tocaba el clarinete, en alguna ocasión viste en fotografías maltratadas por el tiempo el semblante de músico y de buen hombre de aquel tu abuelo. Flaquito, no muy alto, algunas arrugas en el rostro, pero a todo esto, eso es sólo un recuerdo de una imagen que flota en tu mente, ya que tu abuelito murió demasiado joven y no pudiste conocerlo, pero esos son los caminos del “Patrón”. Ese fue el inicio del camino inexorable de tu misión. 

Vivías como cualquier joven de tu edad, al acabar la preparatoria ya no quisiste seguir estudiando y como buen bohemio te metiste a trabajar aun metro de libros de las librerías Gandhi, pobres ingenuos piensan que por poner a la venta libros en el metro la gente va a leer, ya ni la amuelan, que “compren” no significa que “lean”. Pero ahí estas día tras día, semana tras semana conociendo cómo es el negocio en el metro. Conoces las mafias que sobornan a las autoridades para que existan los vendedores ambulantes que pasan de vagón en vagón, ofreciendo cosas inimaginables, impertinentes, astutas… pero no falta quien se sienta interesado y piense que es la ganga de su vida y les compran. Conoces también a tus vecinos de puesto, a las chavas de la pizzería, a los jotos de la tienda de regalos -jotos sin ofender-, entre otros. Una vez cada quince días te surten de material, casi todos los libros son de la editorial el Tomo que hace traducciones decentes de las grandes obras de la literatura universal. También hay libros de ocasión, para iluminar y los de papiroflexia. Palpas lo jodido que está la lectura en la ciudad cuando la gente te pide una y otra vez el libro de Cañitas de Carlos Trejo, ya ni la muelan, pinches lectores, repites una y otra vez las tantas veces que te lo piden cada día. Pero de toda la gente del metro, conoces a Gonzalo, tu gran amigo quien es la segunda señal de tu vocación.

PARTE DOS

LAS PIEDAS RODANDO SE ENCUENTRAN. LAS CASUALIDADES NO EXISTEN. 

Espere pronto la segunda entrega.

Mis ojos son verdes. Y me gusta cuando la gente me aplaude. Sonrío por cada aplauso. Lo único que hago es cerrar los ojos. Sentir el ritmo dentro de mí, que fluye por mis manos. Mis dedos tocan el acordeón, que es mi más íntimo amigo, voy de una tecla a otra, sintiendo que toda mi existencia se concentra en el sonido que genero y por tanto me siento bien. La gente me aplaude. Tengo la frente amplia, y por supuesto entradas; el cabello café-rubio se me está comenzando a caer y a penas  tengo 25 años aunque me veo de más. Tengo una existencia un poco conflictiva, pero feliz, lo que hago me gusta, no me importa lo que puedan pensar de mi, si hago bien o mal, solo soy.  Ahora únicamente cierro los ojos, sonrío, ya no siento el aire que respiro sino el aire del espacio, el aire de mi acordeón. Siento que soy lo que soy, gracias a este momento en que toco. Solo para esto nací. 

 

Mis ojos son verdes. me gusta cuando la gente me aplaude. Soy yo. Esta noche ha sido extraordinaria, veo a las personas que están del otro lado, y que vinieron a lo mejor de lejos, sólo a  escucharme. Me gusta verlos, me excita sentir sus miradas sobre mis manos. Así como un día sentí la terrible necesidad de tocar el acordeón por el sentimiento grato de tocar, tocar y tocar, escuchar y escuchar y sentir y sentir. Sentir cómo este sonido me excita y me lleva lejos y así olvido; dejo de sentir, y sólo soy quien toca el acordeón y no se nada del mundo. Ahora inconscientemente muchas imágenes pasan por mi mente y de tanto sentir, sollozo. De tanto sollozar, toco más y más mi acordeón.  Lo único que hago es cerrar los ojos. Mis ojos verdes. Me gusta cuando la gente me aplaude, vuelvo a sentir el ritmo dentro de mí, que fluye por mis manos, y solo soy quien toca el acordeón y sonríe tímidamente como agradecimiento.

Tocaron a la puerta, un soldado moreno con ojos verdes que combinaban con su triste uniforme se asomó por la puerta. ¡Madrina! gritó Rosendo. Doña Eulalia se alegró de ver a su ahijado, pero le hubiese alegrado más, que no trajera su uniforme verde militar.

 -Pero pasa hijo- Dijo doña Eulalia que no veía a su ahijado desde aquél triste miércoles de ceniza cuando su compadre murió y Rosendo se enlistó en el ejercito. Pío lo abrazó con gran ternura. Los gatos se pasearon entre sus pies reconociendo su aroma, Rosendo no había perdido el semblante pueril con los años ni con la dureza de la vida militar.  Se sentó junto a ellos. Sus ojos verdes brillaban con una humedad de nostalgia. 

-Acabo de llegar de la capital. El Gobierno quiere terminar con este ejercito, creen que están armando una segunda revolución- Dijo Rosendo. –Pues yo solo espero que esta revolución sí sea justa y le toque a cada quien lo que le merece- Contestó Pío. Los ojos de Rosendo dejaron de sostenerle la mirada a Pío, sabía dentro de él, que es inexorable cambiar los destinos de hombres decididos a luchar ante años de opresión. Rosendo vio hacía el solar donde se encontraba las plantas de su madrina.

-¿Pero, por qué tienen esto aquí? – Dijo Rosendo. – Es mi flor de llano afirmó con orgullo Doña Eulalia, mirando el ojal negro de la flor. –¡Pero si es una amapola madrina!- Contestó Rosendo. –No me chingues ahijado- replicó de inmediato Pío. –Tienen que quemarla. Si el ejercito la ve los pueden amedrentar- Dijo severamente Rosendo, quien conocía de primera mano los infortunios que habían hecho sus compañeros en otros lugares. –Pero sí es solo una flor- contestó Pío. Rosendo decidió darle el gusto a su madrina y no quemaron la flor.  Y ahí estaban los tres, al atardecer, frente a la flor de amapola.

 

 

 

Sucede que estas de pie esperando. No sabes lo que pasará dentro de ti, si nadie llega. Te das cuenta que tienes una terrible necesidad de sentirte perseguido por fantasmas inexistentes, pero que sin ellos no estarías a dónde ahora estas. Esperas a que lleguen todas las personas que sí son reales. Las heridas inefables estarán hasta que olvides y seas como ellos, un fantasma que vive siempre en un tiempo presente anterior al momento en que te rompen el corazón y la esperanza. Ahora sabes lo que pasa, las personas jamás llegaron, eres traslucido. 

Palabras del señor Ignacio Dorvasal. ¿Quieren conocer de él?

La Flor de llano

Doña Eulalia está contenta. Por fin dio flores la planta que encontró en el llano. Pío su esposo le dijo que jamás daría ni flor ni fruto, pero Doña Eulalia con mucha paciencia esperó y desde que vio el retoño del capullo de la flor, se alegró. Trajo a sus gatos frente a la planta y les dijo con severidad que estaba prohibido comerla o comer las raíces de esa planta, porque algunas veces los gatos hacían maldades y destrozaban sus flores. Los gatos gordos salieron tranquilos pareciendo entender lo que Doña Eulalia les había dicho.

 

El sol del medio día lacandón se hacia presente. El sopor del trópico se inmiscuía por todo el espacio. Doña Eulalia recordaba cuando sus hijos vivían ahí, la vida se le había ido como un parpadeo. Ellos los visitaban de vez en cuando, cada vez menos, pero Doña Eulalia y Pío entendían, sabían que así es la vida.

A Doña Eulalia no le gustaba salir de su casa porque los soldados se le hacían personas groseras. Desde que el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional se había levantado en armas en enero, la milicia apareció como hormigas, sin tener consideración por la gente buena, como Doña Eulalia.

 

Y ahí estaba de nueva cuenta Pío al lado de su mujer. Los dos estaban apreciando las flores de la planta del llano. Realmente eran hermosas, rojas con el centro negro. El fresco de la tarde los reconfortaba, los gatos se paseaban entre sus pies sintiéndose a gusto.

 

Tocaron a la puerta, un soldado moreno con ojos verdes que combinaban con su triste uniforme se asomó por la puerta. ¡Madrina! gritó Rosendo. Doña Eulalia se alegró de ver a su ahijado, pero le hubiese alegrado más, que no trajera su uniforme verde militar.

 

Continuará… 

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