“No hay que acostarnos, porque nos podemos quedar dormidos”. 2:30 a eme. La salida del camión es a las 5:50 a eme. “Es mejor dormir dos horas a no dormir nada” ¿Y si mejor llegamos en vivo?. “No, te prometo que nos despertamos a las 4:30 a eme, anda, te prometo que te despierto”. Me parece bien, de cualquier manera pondré mi despertador: Pantalla del celular: alarma: 4:20 a eme. Los dos se fueron a dormir. Corte A:
“!Alex! Despierta”, éste al abrir los ojos y ver tanta luz a su alrededor, vio que en vano había participado en el concurso para ganar ese viaje doble, y en vano, muy en vano, en mala hora, vino a ganar ¿Para quedarse dormido? Maldita sea. Cuando despertó tenía mucha cruda, necesitaba orinar y tomar un vaso de agua. Durante años había desarrollado la habilidad de andar por su departamento con los ojos cerrados para evitar el fastidio de la luz solar atravesando el espacio vital de su abismo. Con los ojos cerrados orinó, caminó hacia la cocina, sí logró tomar un vaso de vidrio, odia los vasos de plástico, no ubicó el agua en el refri, pero sí ubicó el bote de leche (nota importante) se llevo el baso a la boca y al instante pasaron dos cosas: a través de sus ojos se filtró un rayo de luz de las 7:45 a eme, y a través de su mente se filtró también la idea, de una manera consiente, la idea de que esa noche no estaría en el DeFe en el concierto del reencuentro de los Caifanes. Abrió los ojos, la violencia de la luz se introdujo hasta donde ese pensamiento se acrecentaba. Estiró el brazo y aventó el vaso. El vaso se elevó a la altura de sus ojos derramando el líquido que pareciera brillar con el exceso de luz, cayó verticalmente y desintegrándose al mismo momento. Maldita sea, se dijo para sus adentros. Maldita sea…