Eterna Bruma
(2006)
Para los amigos de Cancún.
El mar lucía más azul que de costumbre. Fue al medio día cuando Cielo amablemente llamó
a su esposo a desayunar y mientras lo esperaba miró por la ventana las gaviotas. Él se
levantó de la hamaca de un brinco, aún estaba somnoliento; se lavó las manos encalladas
por el esfuerzo de arrastrar las redes de pesca, vio en el espejo su rostro trigueño por el sol
y se dirigió a desayunar con su esposa.
Cielo sirvió el almuerzo con delicadeza. Se sentó frente a Mariano y ambos
quedaron en armonioso silencio. Ella tenía los ojos color turquesa, el cabello negro
ondulado, amplias caderas y hermosos pechos acentuados, le gustaba platicar con su
esposo, a quien amaba desde el día que lo conoció. Cielo trabajaba en las tardes como
mesera en un restaurante en donde solían comer los visitantes de la isla, los turistas le
contaban las maravillas de otras latitudes del mundo. Cielo no recordaba cuándo había
conocido a su esposo, porque siempre había estado presente en su memoria. Se habían
casado cuando cumplieron diez años de novios. Mariano había sido pescador toda la vida,
conocía bien el mar, él así como su esposa jamás habían dejado la isla, la amaban porque
ahí transcurrían sus vidas, sus sueños, sus ilusiones y su desgracia.
Después de comer, ambos se sentaron en el corredor de su casa donde compartían
las mejores experiencias de amor en las noches cuando veían estrellas fugaces iluminar el
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cielo, y ahí estaban uno al lado del otro abrazados a pesar del calor. Mariano contó lo que le
había pasado en la madrugada cuando había salido a pescar.
Los pescadores se reúnen antes del amanecer para partir a la pesca, esa madrugada
habían muchos de ellos acompañados con sus hijos a quienes instruían para que un día ellos
enseñasen a sus hijos los secretos del mar. Mariano acostumbraba pescar con su mejor
amigo Iván. Los dos zarparon como cualquier otro día, pero aquella ocasión fue distinta.
Estando mar a dentro, extendieron sus redes. Esperaron el tiempo específico para
levantarlas, cuando vieron a lo lejos unos intensos destellos en el fondo del mar. Los
pescadores de otras barcas les hicieron señas para regresar. Los destellos se incrementaron
hasta que se convirtió en una luz intensa dentro del mar, como un sol. Las demás barcas
empezaron a navegar con dirección a tierra firme, Iván y Mariano comenzaron a levantar
las redes rápidamente para seguir a sus compañeros, pero estaban muy retrasados para
alcanzarlos. Estaban maravillados con las luces que se aproximaban. Temor.
Cuando el mar se convirtió en suave bruma bajo su barca. El cielo no se distinguió
del mar. Lograron ver cómo hermosísimas ballenas-tiburón paseaban en aquella región del
Caribe; con hermosos lunares en sus lomos color blanco que emanaban luz; Mariano
conocía bien la forma de ser de las ballenas-tiburón porque había nadado con ellas en
algunas ocasiones cuando turistas le pedían que les dieran un recorrido en ese mar de
ensueño y con esas gigantes criaturas. Entonces los dos amigos se echaron al mar y
nadaron, no era necesario tomar aire para respirar, porque aquella bruma lo proveía todo.
No habían visto ballenas-tiburón que radiaran luz.
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Mariano acabó de contar su experiencia, mientras el sol resplandecía arriba a su
derecha, el cielo azul se convertía en rojo carmín, calido, renovador. Entonces miró a Cielo,
sintió el sopor del medio día. Cielo tenía que ir a trabajar, Mariano prometió llevarla con él
la madrugada siguiente, sabía el lugar preciso donde estaban las ballenas-tiburón-de-luz.
Aquella tarde llegaron nuevos visitantes a la isla, comieron en el restaurante donde
Cielo servía con una amabilidad que nadie podía igualar, cuando ellos le preguntaron
acerca de las diversiones en la isla, ella les platicó de las ballenas-tiburón. Todos los
visitantes de la isla así como los habitantes siempre acudían con Cielo y Mariano para
disfrutar de los mejores paseos. El grupo de jóvenes turistas acordó en ir a una excursión
con Cielo y su esposo, dos días después.
Cielo caminaba por el parque de regreso a su casa y vio a las señoras que asistían a
la iglesia, a los niños jugando pesca, pesca, al panadero con su carrito vendiendo panes de a
peso, el quiosco con adolescentes cortejando a hermosas jóvenes, algunos juegos
mecánicos de feria, el sol en el ocaso y los sueños de los habitantes flotando en el sopor de
la tarde, en el ambiente se olía a almendros dulces, pegajosos, afrodisíacos.
En la noche, Cielo y Mariano hicieron el amor con la ternura que sólo dos
enamorados pueden concebir. A pesar del desvelo de afecto, en la madrugada amanecieron
resplandecientes. Por ser domingo, los pescadores no acudieron al muelle y sólo partieron
ellos dos en busca de las ballenas-tiburón que emanaban luz. Mar a dentro vislumbraron los
mágicos colores del mar y del cielo, y se perdieron para siempre en ellos, no necesitaban
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respirar porque aquella bruma por donde se deslizaban las ballenas-tiburón proveía
felicidad, verdadera felicidad.
Los visitantes esperaron toda la mañana del lunes en la casa de Mariano y Cielo,
pero nadie abrió. Nadie regresó a aquella hermosa casa azul con puertas y ventanas que
daban hacia el mar, aquel mar turquesa, turquesa como los ojos de Cielo .
Aleks eres un cursi, jajaja, en fin está bueno el cuento, se nota luego luego tu influencia realismomagiquista, pero me llegó la atmósfera.